dimarts, 4 de setembre de 2012

Carrillo y Comorera, crónica de una traición.


Previamente a empezar a escribir, he de advertir que antes de afrontar el tema, uno siempre ha de poner reparos a juzgar alegremente lo acontecido en otro período histórico y en un contexto en el que los demás no nos hemos visto. Sin embargo, eso no nos debe impedir el hacer una crónica de los hechos y el poder hacer una crítica de ellos –teniendo en cuenta los reproches a éstas que se pueden hacer por lo advertido anteriormente-. Más sabiendo que muchos años después, Carrillo publicó unas memorias con ciertos “defectos”. 

Se nos define traición como violación de la fidelidad debida. Si entendemos esta fidelidad como el no apuñalar por la espalda a quien por las circunstancias o no, está en tu mismo bando, la palabra traición ha de ser usada reiteradamente para cualquier crónica que se haga sobre –y dentro de- la izquierda española en los años de la Guerra Civil y posteriores. Se nos vienen a la cabeza diversos acontecimientos, desde el vil asesinato de Andreu Nin, los bombardeos de Líster a las colectividades anarquistas, la traición final de Casado –que más tarde vimos la trascendencia que tuvo pues Hitler actuó poco después y los planes de Negrín podrían haber resultado acertados- o el caso que nos ocupa y acaecido en los años posteriores a nuestra fraticida contienda. 

El partido de Joan Comorera, el PSU de Cataluña (PSUC –Partit Socialista Unificat de Catalunya-), por su comportamiento en la Guerra Civil –el anteriormente mencionado caso de Nin y todo el tema POUM en general- había cosechado méritos de cara a Moscú. Poco después del fin de la guerra, después de un breve paso por París, Comorera se traslado a la capital de la CCCP (URSS) junto a otros miembros del Comité Central del PSUC, para con miembros del PCE y la IC (Internacional Comunista) analizar las causas de la derrota. El PCE planteó una tesis sorprendente a la par que absurda: Cataluña había perdido la guerra, por lo tanto Comorera –Secretario General del PSU, representante del comunismo en Cataluña- era responsable. Tan absurda teoría no prosperó, todo lo contrario. Los méritos anteriormente mencionados –a los que en 1940 se añadiría el asesinato de Trotski- no fueron en balde. Dimitrov y la IC alabaron el papel del PSUC en la lucha antifascista, y en contra de los propios estatutos de la IC, el PSUC fue declarado su Sección Catalana. 

Evidentemente la declaración no le hizo mucha gracia al PCE. Vamos a ver ahora en las Memorias de Carrillo (pág 337) una “sorprendente anécdota” relacionada con los hechos: 

«[...]Dimitrov, en presencia de Dolores Ibárruri, me pidió que informara a Checa y a Uribe de su falta de confianza en la firmeza política de Comorera; ésta era una de las imputaciones más graves que podían hacerse a un dirigente comunista. Dimitrov añadió que informase a los camaradas citados de que si el ejecutivo de la Komintern, violando su principio –un Estado, un partido- había reconocido al PSUC como sección catalana de la IC, era porque otra cosa hubiera terminado con el rompimiento de Comorera con el movimiento comunista. Pero aún así confiaba poco en el secretario general del PSUC y nos recomendaba observarle con atención...» 

¡Toma ya! Para comentar el fragmento de Carrillo, no narraremos acontecimientos que explicaremos más tarde, pero señalar que a Carrillo le falla la memoria –no dice nada al respecto- de cierta campaña difamatoria y demás cosas y que sus referencias a Joan son breves y entre las pocas ésta. Una vez hecha la observación miremos lo que nos dice Carrillo arriba. Conocida es la disciplina y rigidez de los partidos comunistas de entonces ¿Cómo se entiende que alguien tan importante como Dimitrov dijera algo tan grave como repentino pensamiento personal? ¿Es acaso posible que tales desconfianzas sólo repercutieran en estos comentarios a Carrillo? ¿Qué credibilidad tiene Carrillo? Teniendo en cuenta como Carrillo intenta echarse encima una heroicidad y valentía en base a hechos que Líster nos muestra como falsos o dudosos –estos últimos por su casual dificultad de comprobación-, pues la verdad que no mucha. Y sobre el episodio que nos cuenta sobre Dimitrov y Comorera, es difícil darle patente de veracidad. 

Pero sigamos con lo nuestro –vista ya una de las pocas referencias de Don Santiago a Comorera y la especial “particularidad” de ésta-. Durante la II Guerra Mundial, el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista llegó a la conclusión de que habían desaparecido las condiciones básicas que habían hecho nacer la Internacional. Entonces se replanteó el problema de las relaciones entre PSUC y PCE. Comorera era de la opinión de mantener una unidad política en perspectiva de una unión posterior. 

El líder del PSU de Cataluña, había estado durante la II Guerra Mundial en Méjico y en 1945 regresó a Europa otra vez –Francia- para seguir organizando el partido. Cuando después Comorera fue a Moscú se encontró con los primeros problemas; La Pasionaria que había estado todo ese tiempo en la CCCP y era miembro del PCUS le soltó que “en Moscú sólo hay sitio para un partido comunista español”. Más tarde en una rabieta Dolores Ibárruri mandó suprimir los programas de Radio Moscú en catalán –evidentemente Carrillo no fue el único en las tropelías a Comorera-. 

Y llegamos ya a un año decisivo para toda esta crónica como es el 1948. Dicho año, el PCE estaba en proceso de autocrítica culminada en una reunión del Buró Político del PCE, en la que estaban invitados dirigentes del PSUC, donde Vicente Uribe presentó informes en los que se proponían cambios en la línea política del partido. La nueva línea se amoldaba a la llamada “democracia burguesa” –entre muchas cosas- y que chocaba con los planteamientos de Comorera, mucho más reacios a pasar por el capitalismo y coherentes con lo que había pensado siempre. Así pues, Comorera añadía a las discrepancias con el PCE por la independencia del PSUC, discrepancias con el reformismo que entraba en éste (PCE) y también compartido por el Secretariado del PSUC. Quedó muy solo y a nadie se le escapa que tenía todas las de perder. 

Mientras, en Yugoslavia Tito rompió con Stalin por choques entre el imperialismo de José con sus ganas de satelización con el proyecto de gran potencia balcánica del líder yugoslavo. No entraremos en la llamada tercera vía de Tito, nos basta con saber que el titísmo fue considerado como como herejía antiproletaria. Raudo y veloz, Comorera –como buen estalinista- hizo un artículo condenando a Tito “por agente de la causa imperialista norteamericana”, cosa que reportó problemas a los locutores del PSUC en Radio Belgrado que se largaron rápidamente de Yugoslavia. 

Entonces, Comorera sufrió una campaña de difamación acusándole de titísta –vaya paradoja para él- y de nacionalista pequeño burgués. Cuando Joan se dirigió a Moscú para dilucidar y solventar de una vez por todas sus problemas con La Pasionaria, le acusaron de titísta. Cuando intentó reformar el PSUC ante la nueva línea del PSE y también presente en su partido, al final resultó él el expulsado. Como decíamos, tenía todas las de perder y ni en el PCE y parte del PSUC se recataron lo más mínimo para que no fuera así. 

Es éste el momento en que Comorera toma la decisión, con una valentía digna de todo aplauso, de regresar a Cataluña para organizar desde allí el partido. Joan siempre fue uno de los políticos mejor preparados de su época, pero lo que hizo aquel 1950 es lo que da más reconocimiento a su figura –por más que se le puedan hacer muchos reproches por otras cosas-. También es en esta decisión cuando Líster –en Basta- nos aporta un valiosísimo testimonio de la traidoría e indigencia moral de Carrillo y sus planes: 

«Carrillo y Antón propusieron al Secretariado al liquidación física de Comorera. La propuesta fue aceptada y Carrillo encargado de organizar la liquidación. Carrillo designó dos camaradas para llevarla a cabo. Pero Comorera decidió marcharse del país. A través del informador que tenía entre la gente de Comorera, carrillo conoció la decisión de aquél y luego el lugar de su paso por la frontera y la fecha. Carrillo envió sus hombres a ese lugar para liquidar a Comorera al ir a cruzar la frontera. Pero Comorera, que se sentía en peligro y vivía con gran desconfianza, a última hora cambió de lugar y conocimos que había cruzado la frontera (la noche del 31 de Diciembre de 1950) cuando ya llevaba 15 días en Barcelona. » 

Así pues, Comorera salvó el pellejo por poco. Pero lo que no pudo evitar fue la interminable campaña de calumnias que se le vino encima con el fin de lograr su destrucción moral. Radio España Independiente-La Pirenaica, dirigida personalmente por La Pasionaria empezó una escalada en echar mierda sobre el líder catalán. La cosa llegó a cosas tan deleznables, de tanta miseria moral, como sacar a su única hija, Nuri Comorera haciendo pública una carta en la que se tachaba a su padre de “Practicar la moral burguesa””ser un rabioso anticomunista””agente provocador de la policía”, para terminar diciendo que “el día que nació el traidor Comorera, murió mi padre”. ¡Qué palabras para un padre! Luego la campaña prosiguió con insultos como el de perro titísta, miserable chivato de la policía… 

Para completar los objetivos de Carrillo, La Pasionaria & Cia, la emisora clandestina hizo una llamada a sus oyentes para que tratasen a Comorera como “Un enemigo de la clase obrera” allá donde lo encontrasen. No hay que pensar mucho para ver lo que se pedía a cualquier comunista que diera con Comorera. Veamos a continuación el texto para la radio donde Carrillo hace el comentario y para la radio también fue publicado en Mundo Obrero: 

«La vista de los procesos contra los espías y agentes policíacos descubiertos en las democracias populares, así como el desenmascaramiento del verdugo del pueblo yugoslavo, el repugnante Tito, como viejo provocador al ser­vicio de la burguesía imperialista, ponen sobre el tapete, ante la clase obrera, y especialmente ante los comunistas, el problema siempre actual y candente de la vigilancia polí­tica de la lucha contra la provocación. 

Para las castas reaccionarias españolas y sus actuales coayudantes ingleses y americanos, ni los socialistas ni los anarquistas representan peligro. Sus dirigentes están -ya no tienen ningún reparo en decirlo- al servicio del impe­rialismo americano, a cuyos intereses han sacrificado los vitales intereses de la clase obrera y del pueblo. A los so­cialistas y anarquistas se les permite, se les facilita su propaganda, su actividad, su trabajo. Por el contrario, el Partido Comunista y los comunistas en general son el ob­jeto del odio animal de los reaccionarios de todo pelaje, y contra los comunistas enfilan las baterías de sus campa­ñas calumniosas, de sus infundios, de sus ataques, de sus agresiones criminales y provocadoras. 

De cada uno de estos miserables y de otros parecidos de hoy, por orden de los servicios policíacos de quienes de­penden, se cobijan bajo la bandera pirata del titismo, dig­nos cofrades del despreciable provocador que tan artera­mente engañó al pueblo yugoslavo, iremos dando algunos de sus rasgos característicos y de sus actividades, que co­nocemos muy de cerca y que harán comprender a los tra­bajadores, y muy especialmente a los comunistas, la razón que asiste al Partido cuando les llama a estar muy alertas y vigilantes contra las provocaciones. 

No hace muchas semanas, la prensa francesa y la radio inglesa comunicaban que en Cataluña habían sido deteni­dos 22 comunistas e incautadas dos imprentas donde se hacían, según estos comunicados, Mundo Obrero, órgano del Partido Comunista, y Treball, órgano del PSUC. La co­media es finita, señores Molinero y Massip. Todas las de­tenciones de comunistas realizadas en los últimos tiempos en Cataluña son vuestra obra y la de Juan Comorera, al que denunciamos ante la clase obrera catalana como un agente policíaco. Y que no piensen Comorera y sus acólitos y comparsas, en la innoble farsa tan burdamente urdida, que van a hacer comulgar con ruedas de molino a los tra­bajadores catalanes. Juan Comorera y sus cómplices ten­drán que responder ante el pueblo catalán de sus activida­des provocadoras. 

Obreros de Cataluña: Juan Comorera es un provocador, que durante nuestra guerra conspiró contra el Gobierno Negrín, de acuerdo con el cónsul francés que estaba en Barcelona, en la famosa crisis de la «charca». Juan Como­rera es un provocador cuyas actuales actividades es entre­gar a los comunistas a la policía, tanto en Francia como en Cataluña. Y nosotros sostendremos esta acusación de­lante de la clase obrera y del pueblo catalán. Juan Como­rera es un enemigo de la clase obrera y como tal hay que tratarle allá donde se le encuentre.» 

El 9 de Junio de 1954, Comorera y su mujer Rosa Santacana son detenidos a consecuencia de una delación. Hasta esa fecha, fue capaz de escribir 32 números de la revista Treball, redactada y editada por él mismo con 1000 ejemplares de cada. Una labor sin duda extraordinaria, más estando en la clandestinidad, con una paupérrima solvencia económica, con la mayoría de tus antiguos amigos y supuestos compañeros en contra y con una campaña infumable desde la radio. La única persona que tiene todos los números era un comisario de la Brigada Político Social de la Policía, apellidado Creix –y que como en otros muchos casos –él era el primer criminal-. 

Se especuló con que la delación fue obra del PCE, cosa posible pero no comprobable. Según las ondas de Radio España-La Pirenaica la detención era “Una maniobra policial destinada a presentar como héroe a quien en realidad era un miserable delator desenmascarado”. Sin comentarios. Carrillo en sus Memorias es olvidadizo con todos estos hechos. 

Una vez detenido, Comorera se llevó 15 días de torturas. La fecha del juicio fue para largo, hasta 1957. El abogado destinado a la defensa pidió 200.000 francos que se consiguieron por Jaques Dubos. 

A Comorera le cayeron 30 años y su mujer fue absuelta. Pero Joan sólo cumplió 9 meses, ya que el 7 de Mayo de 1958 moría en el penal de Burgos a consecuencia de los maltratos recibidos, con 63 años, sin atención médica y abandonado y traicionado por muchos de sus supuestos camaradas. El franquismo remató lo que habían empezado Carrillo y Compañía. 

Porque no fue sólo Don Santiago, en la lista de nombres a los que Comorera ha de estar “agradecido” están La Pasionaria, Claudín, López Raimundo, Serradell, Moix… y demás gente del PCE y PSUC oficial. Pero lo que nos encontramos además con Carrillo es que muchos años después, no sólo no recuerda –no quiere recordar- las tropelías que cometieron contra Comorera, sino que en sus pocas referencias que hace del catalán, nos encontramos cosas como el inverosímil relato de Dimitrov; con lo que se llega a la conclusión que aún mantiene el odio hacia alguien al que traicionó –como se ha explicado-.

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